Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas

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Através de la entrevista con Victoria Villarruel y Carlos Manfroni, autores de Los otros muertos (Editorial Sudamericana), damos a conocer la génesis de este libro testimonial y su rigurosa metodología de trabajo, característica que excluye las arbitrariedades con las que se ha abordado, hasta la fecha, el tema de los derechos humanos por parte de otras organizaciones.

--¿Cómo surge la idea de publicar este libro testimonial y por qué?

Victoria Villarruel: --La idea surge hace muchos años atrás con la creación de la CONADEP por parte del entonces presidente Raúl Alfonsín. En esa época hubiera correspondido crear una comisión para investigar también los crímenes del terrorismo, pero nunca se hizo. Luego, en los sucesivos gobiernos democráticos, este tema se fue postergando y se dejó de lado hasta que en el año 2008, el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), que presido, comienza "Proyecto Víctimas": una investigación histórica para saber quiénes y cuántas eran las víctimas del terrorismo de la Argentina.

“Originalmente la idea fue publicar esas planillas con nombres y fechas de las víctimas del terrorismo; reeditar una especie de "Nunca Más", pero de las víctimas de la guerrilla. Sin embargo, un año antes de enviarlo a la editorial, en el Consejo del CELTYV decidimos que íbamos a complementar la lista con los testimonios para que la gente no recibiera solo los datos sobre los muertos y heridos como un simple número, sino contextualizado en el padecimiento de las víctimas de la violencia setentista”.

--¿Qué metodología se utilizó para recopilar la información?

VV: --A fin de evitar suspicacias y para garantizar la objetividad de la lista, se tomaron únicamente los datos aparecidos en fuentes públicas de manera de poder certificar cada caso; por ello elegimos los cuatro diarios nacionales de mayor circulación: "La Nación", "Clarín", "Crónica" y "La Prensa" y recurrimos también a dos revistas editadas por las organizaciones clandestinas: "Evita Montonera" y "Estrella Roja". A esos medios los complementamos con 50 libros publicados en el transcurso de estos años y escritos, principalmente, por excombatientes de estas organizaciones clandestinas.

Esos datos fueron sistematizados y clasificados por nombre de la víctima, fecha y tipo del atentado, autoría -–si está reconocida--, lugar del hecho, etcétera.

“Si computamos no sólo los muertos, heridos y secuestrados, sino también las personas que sufrieron otros perjuicios, como daños en su propiedad, secuestros en aeronaves en vuelo, robos, etcétera. estamos hablado de más de 17.000 víctimas, entre las cuales hay 1.094 muertos”.

--¿Qué incidencia tuvo en sus vidas la experiencia de estos testimonios?

Carlos Manfroni: --La realidad de los testimonios es mucho más dramática que la que surge de las crónicas periodísticas de la época. Esas crónicas, como es lógico, describen los hechos y computan los muertos; pero de los testimonios surge la vida previa de la familia afectada y el curso de los acontecimientos posteriores, con el sufrimiento, las privaciones, los temores, la viudez, la orfandad, la desesperación. La gente cuenta las historias en el orden que se le va ocurriendo; pero cuando uno tiene que darle forma de narración, se revive el dolor de las víctimas.

--¿Qué otra información de interés podrían agregar que no aparece en el libro?

VV: --Entre tanta información recibida en primera persona, destacar que hay también víctimas militares que murieron en combate y que merecerían ser homenajeadas; pero, a fin de evitar impugnaciones sobre ciertos hechos y lograr que lo aseverado fuera incuestionable, tomamos únicamente las víctimas civiles, en el sentido que las Naciones Unidas considera el término civil; es decir, puede ser un civil propiamente dicho o un militar que no está en actitud de combate en el momento de los hechos. Siempre la lista sigue el estándar internacional para la categorización de una víctima. Sin embargo, la mayoría de las víctimas del terrorismo son civiles propiamente dichos, del mismo modo que la mayoría de los atentados fueron cometidos en plena vigencia del sistema democrático.

--Con las entrevistas personales lograron testimonios en primera persona. ¿Cómo es la vida de quienes atravesaron semejante experiencia?

VV: --Ambos entrevistamos a los testigos. Todos los testimonios son diferentes. Algunos hacen una catarsis, después de muchos años, y otros están congelados en aquel momento, casi sin poder hablar. Es muy doloroso.

--¿Qué valoración hacen, después de haber estado directamente con las víctimas del terrorismo, del trato institucional sobre la violencia desatada en la década del 70?

CM: --La Corte Suprema inventó la falacia de que los delitos de lesa humanidad son exclusivamente los cometidos por agentes del Estado, algo que no figura en documento alguno del Derecho Internacional, a pesar de que la Corte invocó el Derecho Internacional. Pero sobre esa impunidad jurídica, se construyó una impunidad moral, de forma tal que los exterroristas no solo no son molestados por la Justicia, sino que tampoco son interpelados moralmente; más aun, son premiados.

--Entre los muertos ignorados por la sociedad y no reconocidos por el Estado hay terroristas. ¿Se contactaron con ellos también?

VV: --No; ya se escribió demasiado sobre ellos. Hay casos y casos, pero justamente publicamos aquello de lo que nadie escribió.

--¿Pudieron recopilar información sobre los asesinados en manos de las propias organizaciones terroristas?

CM: --Los terroristas asesinados por terroristas merecerían un libro aparte, con sus respectivas historias. Nadie ve que esas organizaciones hacían juicios clandestinos sumarísimos y aplicaban la pena de muerte como si fueran un Estado.

--¿Por qué creen que "los otros muertos" siguen silenciados y ocultos?

CM: --Porque los muertos interpelan a los vivos. Interpelan, en primer lugar, a sus propios asesinos y a quienes homenajearon a los asesinos. Pero también son, tácitamente, un dedo acusador del silencio que ha guardado la sociedad durante todos estos años. Es demasiado incómodo que aparezcan de repente tantos muertos de los que nunca se había hablado.

--¿Cómo explican que muchos protagonistas de la década del 70 en las filas subversivas hoy estén en el poder?

CM: --Porque se ha conseguido imponer un lenguaje y la sociedad ha sentido, hasta hace poco, el temor a contrariar el lenguaje de lo políticamente correcto; es como en el cuento del rey desnudo, de Andersen, sobre los falsos sastres que simularon construir un traje para el rey, que únicamente los tontos no podrían ver. Nadie quería parecer tonto y decir que el rey estaba desnudo, hasta que un niño, en su inocencia, lo dijo.