Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas

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“Los otros desaparecidos: las víctimas argentinas del terrorismo guerrillero.

Queríamos tomar el poder. No éramos boy scouts” (Walter Fernández, ex montonero).

 

La memoria colectiva de los italianos en lo que concierne a la Argentina de los lejanos años ’70 gira sustancialmente alrededor del golpe del general Jorge Rafael Videla (1925-2013) del 26 de marzo de 1976, a los miles de desaparecidos, a la violación sistemática de los derechos humanos y a la suspensión de la libertad política. Sería extraño que esta memoria traiga a conocimiento las numerosas víctimas asesinadas por las organizaciones guerrilleras argentinas en la década del ’70, de las cuales se puede decir que fueron asesinadas primero en carne y hueso, y luego en la memoria histórica de buena parte del mundo occidental. De cualquier manera, la realidad tristemente poco conocida es que los movimientos terroristas-guerrilleros de la extrema izquierda argentina han asesinado a 1094 personas (entre las cuales pequeños), cuya memoria ha sido mermada debido al hecho de que con el fin del régimen del Almirante Leopoldo Galtieri (1926-2003), en 1983, seguidamente al intento fallido de conquistar las islas Falkland/Malvinas, la historia se concentró sobre todo en los crímenes cometidos durante el Proceso de Reorganización Nacional, dejando de lado aquellos crímenes cometidos por las organizaciones guerrilleras.

Entre los principales responsables de estos homicidios con trasfondo político figuran el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de orientación trotskista, y Montoneros, peronistas de izquierda. A todo esto debe agregarse la actividad de la organización paramilitar de extrema derecha fundada por el Ministro José López Rega (1916-1989) (peronista de derecha) y llamada Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A), que se cargó con el asesinato de cientos de personas entre 1973 y 1975 y que contribuyó a crear un clima de tensión.

Entre las acciones de las guerrillas un episodio emblemático fue el que involucró el crimen del vicedirector de la fábrica militar de explosivos de Villa María, el Coronel Argentino del Valle Larrabure (1932-1975), secuestrado por los miembros del ERP el 11 de Agosto de 1974 y aprisionado en una “cárcel del pueblo”. Los motivos del secuestro fueron sus conocimientos en el ámbito de la fabricación de explosivos, y el quererlo intercambiar por cinco terroristas que estaban detenidos en ese momento. El Coronel Larrabure se negó a ayudar con sus conocimientos a los militantes del ERP, sufriendo un año de captura y torturas. Fue asesinado el 19 de agosto de 1975 y su cuerpo apareció cuatro días después en Rosario. Cuando fue hallado pesaba 40 kilos menos.

Otros ejemplos elocuentes del clima de violencia y tensión que reinaban en ese entonces en Argentina son los asesinatos de los intelectuales católicos Carlos Alberto Sacheri (1933-1974), Jordan Bruno Genta (1909-1974) y del miembro de Acción Católica Raúl Alberto Amelong (1922-1975). Sacheri fue asesinado en 1974 por los miembros del ERP-22 de Agosto (fracción del ERP que se desprendió en 1973) en frente de su familia mientras salían de Misa. Genta sufrió una muerte similar a la de Sacheri el domingo por la mañana del 27 de octubre de 1974, siendo asesinado por los integrantes del ERP-22 de Agosto cuando salía de una iglesia en la cual se había encontrado con sus familiares. Amelong, por su parte, fue asesinado por cuatro jóvenes con armas de fuego en 1975. Montoneros se adjudicaron el crimen, y desde el día de su homicidio nueve hijos se quedaron sin padre. De cualquier manera, el hecho que debería tocar la sensibilidad del público mayormente es la presencia de niños y adolescentes entre las víctimas del terrorismo: el pequeño Juan Eduardo Barrios tenía solo tres años cuando en 1977 la terrorista montonera Marcela Oesterheld, luego de haber asesinado y prendido fuego al policía Herculano Ojeda en Monte Chingolo, disparó una ráfaga de ametralladora a ciegas antes de subirse al auto del cual había descendido, hiriendo de muerte al pequeño Barrios.

El 1 de diciembre de 1974 el Capitán Humberto Viola estaba en el auto con sus hijas, María Fernanda y María Cristina, de cinco y tres años respectivamente. Militantes del PRT-ERP abrieron fuego contra el auto, asesinando instantáneamente a María Cristina e hiriendo en un pulmón el Capitán Viola, quien fue rematado poco después con un tiro en la cabeza una vez que había descendido del auto para evitar que sus hijas continuaran siendo atacadas. Su otra hija, María Fernanda, sobrevivió más allá de las heridas que le causó el atentado.

Gladys Medina tenía trece años cuando en 1975 un incendio provocado de noche en su departamento terminó con su vida y con la de su madre, Celia Palacios de Medina. Las llamas habían sido causadas por una bomba que había explotado en la peluquería situada debajo de su departamento, frecuentada por Isabel Martínez de Perón, la entonces Presidente de Argentina. María Guillermina Cabrera Rojo, una nena de tres años, murió a causa de la explosión de una bomba en su casa la noche del 12 de marzo de 1960. Es considerada la primera víctima del terrorismo en Argentina.

Considerando todo lo anterior, creo que es útil recordar que si por los crímenes cometidos por el régimen militar hubieron justas indagaciones y procesos que culminaron en condenas para los responsables, no puede decirse lo mismo de la mayoría de quienes cometieron homicidios y actos de terrorismo durante su lucha para tomar el poder en el país, lucha que debe recordarse tuvo inicio antes del Golpe de Estado del General Videla. No será excusa para la falta de procesos la afirmación de que los eventuales culpables están eximidos por la prescripción de los hechos: si es cierto que las víctimas del terrorismo fueron asesinadas por movimientos guerrilleros que usaban la lucha armada con el objetivo de tomar el poder, no hay prescripción para esos crímenes, como está establecido en la Convención de Ginebra de 1949, ratificada por Argentina.

Hoy en día existe en el país una organización no gubernamental dedicada a la asistencia de las víctimas del terrorismo, CELTYV, Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, que se ocupa de darle visibilidad a aquellos que perecieron a causa de los atentados, e intenta que sean reconocidos sus derechos. La Presidente del Centro, la abogada Victoria Villarruel, es autora de algunos ensayos sobre la guerrilla y sus víctimas, por ejemplo “Los llaman…jóvenes idealistas” y el más reciente “Los otros muertos –Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los 70”, escrito en colaboración con el abogado Carlos Manfroni.

Para concluir creo que es útil recordar una consideración de Jorge Masetti, hijo del guerrillero argentino Ricardo Masetti (fundador del Ejército Guerrillero del Pueblo, formación de orientación guevarista que operó en Argentina durante 1964), contenida en su escrito “El Furor y el Delirio” y que a mi parecer puede ser aplicada a buena parte de las guerrillas de extrema izquierda de América Latina en aquellos años: ““Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y el grado de dependencia con Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada. Una de nuestras consignas era hacer de la cordillera de los Andes la Sierra Maestra de América Latina, donde, primero, hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores, y luego a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo”